[Columna de Oh Hye-sun] Los retos que debe afrontar la meditación en Corea del Sur, según el profesor Ahn Hee-young en la conferencia de la VII Expo Internacional de Meditación de Seúl

Ahn Hee-young, director del Instituto Coreano de Investigación sobre MBSR, expuso el 18 de septiembre en la conferencia de meditación de la VII Expo Internacional de Meditación de Seúl, celebrada en la Universidad Dongguk, los cinco retos que debe afrontar el ámbito de la meditación en Corea del Sur. Su intervención llevaba por título «Preguntas sobre el camino que debe seguir la meditación coreana».

Reivindicaciones sobre sus beneficios que van más allá de lo demostrado

El primer asunto que planteó Ahn fue la comercialización y el marketing exagerado. Advirtió de que las afirmaciones sobre beneficios que superan lo demostrado y el marketing pseudocientífico pueden erosionar la credibilidad de todo el ámbito de la meditación. A medida que han aumentado los estudios sobre sus efectos, también se ha delimitado con mayor claridad hasta dónde llegan realmente sus conclusiones. El problema, señaló, es que los mensajes promocionales están rebasando ese límite.

«La proliferación de certificados no es un problema de mercado, sino de seguridad»

En segundo lugar, señaló la formación de instructores. Según explicó, cada vez proliferan más los cursos acelerados que preparan a instructores sin exigir práctica personal ni supervisión. «La proliferación de certificados no es un problema de mercado, sino de seguridad», afirmó Ahn. También advirtió de que no existen criterios éticos que permitan verificar la competencia de los instructores y proteger a los participantes en situación de vulnerabilidad.

A estos problemas sumó la fragmentación de corrientes como el budismo seon, la vipassana y el MBSR, que avanzan desconectadas entre sí, así como la brecha entre la investigación y la práctica, ya que los estudios pequeños y de corta duración no llegan a vincularse con el trabajo sobre el terreno. En total, los resumió en cinco retos.

Los efectos adversos ya se reflejan en las cifras

La seguridad de los participantes no es una preocupación abstracta. Según el informe «Meditación y atención plena: efectos y seguridad», recopilado por el Centro Nacional de Salud Complementaria e Integral de Estados Unidos (NCCIH), una revisión publicada en 2020 analizó 83 estudios y 6.703 participantes, y constató que 55 de esas investigaciones habían recogido experiencias negativas. Alrededor del 8% de los participantes experimentó efectos adversos durante la práctica de la meditación; los más frecuentes fueron la ansiedad y la depresión. El NCCIH también señala en ese mismo documento que todavía son escasos los estudios sobre los posibles efectos perjudiciales de la meditación y la atención plena. La página se actualizó por última vez en junio de 2022.

El NCCIH presenta pruebas de que estas prácticas pueden ayudar ante la ansiedad y la depresión, los síntomas del trastorno de estrés postraumático, el sufrimiento psicológico de los pacientes con cáncer, el dolor crónico, el insomnio y el deseo compulsivo asociado a los trastornos por consumo de sustancias. Al mismo tiempo, distingue los casos de hipertensión, trastorno por déficit de atención e hiperactividad, dolor agudo y migraña, para los que los resultados son contradictorios o las pruebas no bastan. La propia forma de diferenciar entre las áreas en las que se han constatado efectos y aquellas en las que aún no se han confirmado se acerca al lenguaje prudente que reclama Ahn.

Cinco tareas prácticas

Ahn no se limitó a señalar los problemas y presentó también una serie de tareas prácticas. La primera es establecer unos estándares para la formación de instructores que incluyan un periodo mínimo de preparación, requisitos de práctica personal y criterios de supervisión. La segunda consiste en crear un código ético y un sistema de control de calidad que protejan a los participantes vulnerables, consoliden una cultura de comunicación de los efectos adversos y establezcan un enfoque sensible al trauma. La tercera es institucionalizar una plataforma de diálogo en la que se reúnan de forma periódica el budismo tradicional, la atención plena moderna y los ámbitos de la medicina y la educación. La cuarta pasa por impulsar investigaciones con la participación de instructores sobre el terreno y verificar la adecuación cultural de los programas para la población coreana. Como quinta tarea, propuso incorporar la pedagogía de la educación de adultos y comprender no solo «qué enseñar», sino también «cómo aprende la gente».

«Tres puertas» para conectar tradición y modernidad

En la parte final de su intervención, Ahn propuso el marco de las «tres puertas» para integrar la meditación tradicional y la moderna. La primera es la puerta de entrada, formada por programas modernos de meditación de fácil acceso; la segunda, la puerta de profundización, donde se practican la concentración y una guía sistemática; y la tercera, la puerta de la realización última, correspondiente a prácticas supremas como la no dualidad y la indagación mediante el hwadu. Explicó que las tres puertas no establecen una jerarquía, sino una distinción basada en las capacidades y las necesidades de cada persona, y que el dharma alcanza su plenitud en cualquiera de ellas.


La propuesta consiste en prestar atención primero a los fundamentos de la confianza, en lugar de priorizar la velocidad del crecimiento, en un momento en que aumenta el número de personas que practican la meditación y se diversifican los programas. Como los estándares de formación de instructores y el código ético no pueden ser elaborados por una sola institución, la institucionalización de la plataforma de diálogo, tercera tarea, se convierte en una condición para abordar las demás.

¿Quién juzgará a quién?

Este movimiento en el ámbito de la meditación en Corea del Sur, que está creciendo a gran velocidad, constituye un proceso imprescindible para avanzar hacia una práctica saludable integrada en la vida cotidiana. Si los certificados acaban convertidos en un instrumento para ganar dinero, será difícil que cualquiera de ellos obtenga credibilidad. 

Sin embargo, tampoco resulta sencillo determinar quién debe decidir quién está capacitado para enseñar. Incluso establecer los criterios que deben reunir quienes evalúan esa capacidad plantea dificultades. 

Con todo, este movimiento es una parte necesaria de los dolores del crecimiento. Ojalá se convierta en un proceso en el que la prioridad no sea determinar quién está más cualificado o quién goza de mayor reconocimiento social, sino reflexionar sobre cómo construir un sistema más sensato.

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