
"Quiero meditar, pero no puedo hacerlo a mi manera."
Entonces, ¿cuál es la mayor razón por la que la meditación no sale como uno quiere?
Encuesta a 272 practicantes de meditación: la mayor barrera es la dispersión (32,7%)… El 61,6% de los encuestados medita a diario y ha convertido en estándar las sesiones de la mañana y breves
¿Para qué y cómo están meditando ahora los practicantes de meditación en el mundo? El informe “Meditation Practice Report 2026” (Informe de Práctica de Meditación 2026), publicado por la red de líderes de la meditación Mindful Leader, muestra ese panorama. Esta encuesta, realizada en la primavera de 2026 entre 272 practicantes, quizá no es de una muestra muy grande, pero resulta de interés por recoger hábitos y preocupaciones reales de personas con muchos años de práctica.
La dispersión desbancó la falta de tiempo
El cambio más llamativo es el ranking de las barreras que impiden meditar. Superando durante mucho tiempo al primer puesto, “falta de tiempo”, la respuesta “demasiada distracción” se situó en el 32,7%, como la más alta. La “falta de tiempo” quedó después, con un 29,3%.
No se trata de que no haya tiempo para entrenar; más bien es una confesión de que, aunque uno se sienta en su sitio, la mente se dispersa y no logra concentrarse. En una época en la que el teléfono inteligente y las notificaciones dividen la atención en fragmentos diminutos, el informe muestra cómo el reto de la meditación está pasando de “abrir huecos” a “reunir la atención dispersa”.
Por la mañana, 10 a 20 minutos: la rutina se vuelve estándar
La forma de practicar se ha vuelto aún más cotidiana y breve. El 61,6% de los encuestados dijo meditar a diario y el 64,6% afirmó preferir el tramo de la mañana. El tiempo de asiento de una sola vez fue de 10 a 20 minutos (36,2%) y de más de 20 minutos (38,4%): en lugar de quedarse durante mucho, se ha consolidado una práctica corta y regular que abre el día.
Repetir durante la mañana ese hueco breve, sin grandes preparativos, está quedando fijado como un hábito sostenible.

¿Por qué meditar? El equilibrio emocional, en primer lugar
Los motivos de la meditación también están cambiando. Las razones que señalaron los encuestados sitúan el equilibrio emocional (81,2%) como el más alto; después aparecen la práctica contemplativa (75,4%) y la reducción del estrés (73,5%). Más que una herramienta para bajar el estrés, se ve con claridad una actitud de meditar como una práctica para manejar las emociones de manera equilibrada y observar el propio interior.
En silencio, con la mente abierta y, juntos: cambia la forma de practicar
También está cambiando el estilo de práctica. La práctica en silencio, sentándose sin una voz guía, ha aumentado hasta el 59%, y la “conciencia abierta” (open awareness), que consiste en percibir todas las experiencias que surgen sin centrarse en un objetivo concreto, se ha disparado hasta el 58,5%. Además, el 25,0% respondió que quiere el apoyo de la comunidad y no quedarse solo con la práctica individual: ahí se confirma un deseo de practicar en grupo. El hecho de que recientemente aumenten las reuniones de bienestar y los actos relacionados con la meditación parece reflejar esa necesidad.
La tendencia que dibuja el informe también se solapa con la situación en el país. El diagnóstico de que la dispersión es la mayor barrera explica por qué están aumentando los espacios urbanos de meditación y los programas breves de meditación por la mañana, mientras que el deseo de practicar juntos conecta con la expansión de la meditación en grupo y de las comunidades de meditación. La meditación se va asentando como una habilidad cotidiana del ciudadano moderno: no es la práctica de una persona especial, sino la capacidad de reunir la atención dispersa.
Tanto quienes quieren meditar como quienes quieren enseñar meditación siguen aumentando. Sin embargo, en la realidad actual, aunque la demanda de especialistas en meditación continúa creciendo, hay una gran escasez de puntos de encuentro con quienes buscan a esos especialistas. Parece necesario ampliar la variedad de canales para que la meditación, ya integrada en la vida diaria del ciudadano moderno, pueda conectarse de forma adecuada con quienes buscan una meditación más auténtica.
