Existe una meditación en movimiento: 750 años de meditación giratoria en Konya, Turquía

Cuando se habla de meditación, la mayoría piensa en una postura sentada. En Konya, una ciudad de la Anatolia central turca, existe desde hace más de 750 años otra forma de practicarla. Es la sema: un derviche vestido de blanco gira continuamente sobre sí mismo, con el brazo derecho dirigido hacia el cielo y el izquierdo hacia la tierra. Aunque a menudo se presenta resumida como un espectáculo turístico, originalmente es un ritual religioso y una disciplina espiritual de la orden sufí mevleví.

Konya es la ciudad donde Yalal al-Din Rumi (Jalāl al-Dīn Rūmī), poeta persa y místico del siglo XIII, pasó la última etapa de su vida y fue enterrado. El peso de Konya como destino para la meditación comienza en las huellas de este hombre.

El encuentro espiritual con Shams de Tabriz, el derviche errante

Rumi nació en 1207 en la actual región de Vakhsh, en Tayikistán. Su familia se desplazó hacia el oeste para huir de la invasión mongola y, el 1 de mayo de 1228, su padre, Baha al-Din Walad, se instaló en Konya tras aceptar la invitación del gobernante de Anatolia. Rumi tenía entonces alrededor de diecinueve años.

El acontecimiento que cambió su vida en Konya fue el encuentro, el 15 de noviembre de 1244, con Shams de Tabriz, un derviche errante. Ambos entablaron una profunda relación espiritual y Shams desapareció repentinamente el 5 de diciembre de 1248. La interpretación más extendida sostiene que esta pérdida transformó la visión del mundo de Rumi y desencadenó una abundante producción poética. Rumi murió en Konya el 17 de diciembre de 1273.

El giro no es acrobacia, sino un ritual de reglas y símbolos

La orden mevleví fue fundada, tras la muerte de Rumi, por su hijo Sultan Walad y sus seguidores. Fue también en ese proceso cuando la sema, el giro al ritmo de la música, se consolidó como forma de práctica espiritual. El giro no es una acrobacia, sino un ritual regido por normas y símbolos. La postura encierra la idea de recibir con la mano derecha abierta hacia el cielo y transmitir hacia la tierra con la izquierda.

En 2005, la UNESCO reconoció el ritual mevleví de la sema como obra maestra del patrimonio oral e inmaterial de la humanidad. En 2007 se proclamó el «Año Internacional de Rumi» para conmemorar el 800.º aniversario de su nacimiento.

Un ritual estructurado en siete fases

La sema no es una danza improvisada, sino un ritual estructurado en siete fases.

El ritual comienza con el himno «Naat-i Sharif», dedicado al profeta. Después resuena el sonido del kudüm, un pequeño tambor cuyo golpe simboliza la orden de la creación, y la improvisación, o «taksim», de la flauta de caña ney conduce el espacio hacia otro registro. A continuación llega el «Sultan Walad Dervişi», una procesión circular que se repite tres veces. Cada vuelta se interpreta como una de las tres etapas del conocimiento: saber conocido mediante la razón, saber del que se tiene certeza por la intuición y saber que se convierte en la propia verdad.

El núcleo es la parte giratoria, compuesta por cuatro «selam». El primero representa el momento en que se reconoce la propia condición de criatura; el segundo, el temor reverencial ante Dios; el tercero, el paso de ese temor reverencial al amor, y el cuarto, el proceso de regresar desde ese estado al mundo. El ritual se cierra con la recitación del Corán, la oración y las bendiciones.

Llama la atención que la fase del regreso quede al final. La estructura entiende como una forma de práctica espiritual no solo permanecer en un estado profundo, sino también volver a la vida cotidiana.

El significado de las vestiduras y los instrumentos

La indumentaria de los semazen también tiene un significado. Sus elementos básicos son el sombrero cilíndrico sikke, la falda blanca tennure, que se despliega durante el giro, y el manto hirka que se lleva por encima.

Entre los instrumentos que acompañan la música, el principal es la flauta de caña ney. La metáfora de una caña cortada de los cañaverales que emite un sonido de añoranza por su lugar de origen aparece al comienzo de una de las obras más célebres de Rumi, y el ney acabó convirtiéndose en un símbolo del alma humana. El ritmo corre a cargo del kudüm, acompañado por instrumentos como el rebap, el bendir, el qanun, el tanbur y el ud.

El espacio donde se celebra el ritual recibe el nombre de semahane. En él hay un eje invisible que une el lugar rojo, el «post», donde se sienta el jeque, con la entrada; la norma establece que no se debe pisar esa línea. El mutrib, encargado de la música, los semazen que giran y los espectadores se distribuyen dentro de una estructura circular.

El Museo de Mevlana, bajo el tejado verde

Sobre la tumba de Rumi se levantó un mausoleo ornamentado. Su tejado cónico de color verde azulado le ha valido el nombre de «Green Tomb», la Tumba Verde. La construcción se llevó a cabo gracias al patrocinio de la princesa georgiana Tamar Gürcü Hatun. El mausoleo y el antiguo hospicio de los derviches mevlevíes funcionan hoy como el Museo de Mevlana.

El museo es el primer destino de quienes visitan Konya. Su carácter se refleja en el hecho de que allí se mezclan peregrinos musulmanes y viajeros que acuden sin relación alguna con la religión. En la cámara funeraria se exige silencio, y conviene consultar antes de la visita las normas de vestimenta y el procedimiento de acceso.

Cuándo se puede ver la sema

El periodo más habitual para asistir al ritual de la sema es diciembre. Durante la primera mitad del mes, el Centro Cultural Mevlana (Mevlâna Kültür Merkezi) acoge los actos conmemorativos de «Şeb-i Arûs», que recuerdan el aniversario de la muerte de Rumi. En esas fechas, los alojamientos de Konya se reservan con varios meses de antelación, por lo que conviene hacerlo pronto una vez fijado el viaje.

También fuera de diciembre hay oportunidades de ver la sema en Konya y Estambul, aunque los días, horarios y condiciones de entrada dependen de la entidad organizadora. Lo más fiable es consultar, para las fechas de la visita, los avisos del Centro Cultural Mevlana o la información turística del Ayuntamiento de Konya.

Cómo llegar

La estación de Konya recibe los trenes de alta velocidad YHT procedentes de Ankara y Estambul. Es la terminal meridional de la línea de alta velocidad Polatlı-Konya y fue ampliada y modernizada en 2011. Su conexión por carretera con otros destinos turísticos, como Capadocia y Antalya, la convierte en un lugar adecuado para incorporar uno o dos días a un recorrido por Anatolia.

Si quiere ver la sema, debe reservar tiempo para la tarde-noche

Konya no es una ciudad grande. Con media jornada en torno al Museo de Mevlana y otra recorriendo a pie el casco antiguo basta para completar el itinerario básico. Si el objetivo es asistir a la sema, es mejor añadir un día y dejar libre la tarde-noche.

Coincidir con el periodo de Şeb-i Arûs en diciembre ofrece la mayor probabilidad de ver el ritual, pero también obliga a tener en cuenta el frío del interior de Anatolia en invierno y la escasez de alojamiento. La primavera y el otoño, con temperaturas más suaves, resultan más cómodos para los desplazamientos y los paseos; a cambio, habrá que confirmar por separado el calendario de la sema.

Es habitual combinar la visita con Capadocia. Tras desplazarse por carretera desde Capadocia, conocida por sus formaciones rocosas y sus globos aerostáticos, hasta Konya, el recorrido puede continuar sin complicaciones en tren de alta velocidad hacia Ankara o Estambul.

Entre el espectáculo y el ritual

Al proponer Konya como destino de meditación, conviene tener presente un aspecto. La sema se consume como producto turístico, pero al mismo tiempo mantiene su continuidad como ritual religioso. Un espectáculo editado y breve no tiene el mismo carácter que el ritual completo. Es necesario comprobar de antemano qué formato se presenciará y, cuando se trate de un acto ritual, evitar las fotografías y los aplausos.

Para quienes están acostumbrados a meditar sentados, observando la respiración, el giro es una forma poco familiar. Su objetivo de mantener el centro sin dejar de mover el cuerpo guarda cierta relación con la meditación caminando y la meditación dinámica. Desde hace 750 años, Konya demuestra que la meditación no tiene por qué adoptar únicamente la forma de estar sentado.